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Reportaje: Nueva Constitución: otro contrato social para las chilenas - “AQUÍ HAY” testimonio gráfico de la violencia sexual hacia mujeres en espacios públicos
 
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¿Necesita Chile una Nueva Constitución? PDF Imprimir E-mail
Reportajes
Viernes, 09 de Septiembre de 2011 10:18

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En medio del conflicto estudiantil y la demanda por un nuevo orden institucional, la gestión del Presidente Sebastián Piñera alcanza una desaprobación del 68%, según la encuesta ADIMARK del mes de agosto. En contraposición, un 76% de la población dijo “estar de acuerdo” con las demandas que han presentando los estudiantes universitarios y secundarios en el último tiempo. Este escenario, antecedido por un descontento hacia la clase política chilena y las constantes movilizaciones sociales, instala con fuerza el debate por una Nueva Constitución, que permita mayores niveles de participación, sea representativa y otorgue espacio a los requerimientos ciudadanos.

Distintos actores sociales y políticos sostienen que la actual Constitución Política de Chile carece de legitimidad, porque fue impuesta en un régimen de facto y fuera de todo procedimiento democrático y constitucional en 1980. Representa sólo a un sector de nuestra sociedad e impone fuertes trabas para su modificación y para legislar sobre temas, actualmente importantes, como la educación, el trabajo, la protección social, la multiculturalidad, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, el medioambiente, el sistema político, entre otros. Los niveles de representatividad de la ciudadanía son bajos, y si bien, se otorga participación popular cuando se trata de situaciones locales o comunales, en materias relevantes y de carácter nacional, no se permite la intervención ciudadana.

Durante el año 2005, el ex Presidente Ricardo Lagos, impulsó cambios importantes a la actual Constitución y se señaló que estábamos frente a una “Constitución del siglo XXI”. No obstante, subyacen principios autoritarios y antidemocráticos. Hasta ahora, somos uno de los pocos países latinoamericanos que no ha realizado reformas sustantivas en su carta magna, ajustándose a las notables transformaciones vividas en la sociedad y la cultura.

Uno de los pasos fundamentales que dieron países que han sufrido regímenes dictatoriales, fue crear mecanismos para asegurar la democratización. Hoy, parece existir un momento propicio para discutir un nuevo ordenamiento constitucional. Sin embargo, cualquiera sea el escenario, este nuevo ordenamiento requiere la sanción de la gente, ya sea a través de un plebiscito, referéndum o mediante una Asamblea Constituyente.

¿Cuál debería ser el mecanismo? ¿Quiénes deben impulsar los cambios y tomar iniciativas? Son algunas de las preguntas que el Observatorio de Género y Equidad realizó a académicos/as y a actores/as claves del proceso político chileno, que por años han demandado una Nueva Constitución Política para Chile.

Manuel Antonio Garretón, Sociólogo Académico Facultad de Ciencias Sociales de Universidad de Chile: "Este es un tema que ha sido planteado permanentemente por las fuerzas democráticas en Chile, en la medida que estamos en presencia de una Constitución ilegítima en su origen" Leer más

Fanny Pollarolo: Ex diputada del Partido Socialista: "En mi opinión, el punto de partida de esta realidad que hemos vivido hasta ahora, con cambios tan limitados a la Constitución del ’80, tiene que ver con el camino pactado de salida de la dictadura" Leer más

Francisco Soto, Abogado y académico de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile:  La Constitución Política actual representa un cambio muy sustancial al modelo que operaba hasta el año ’73 en Chile, donde teníamos una Constitución liberal, que progresivamente fue estableciendo un Estado social de derecho" Leer más

Miriam Henríquez. Abogada, Directora del Departamento de Derecho Público, Universidad de Las Américas: "La Constitución actual ha experimentado un importante avance respecto de la versión original de 1980, fundamentalmente en su parte orgánica , toda vez que se han eliminado ciertos enclaves autoritarios como los senadores designados" Leer más

Gustavo Ruz, Abogado y Miembro del Comité de Iniciativa por una Asamblea Constituyente: "El tema de la Constitución emanada desde una Asamblea Constituyente tiene que ver con las facultades que tiene cualquier grupo en cualquier parte del mundo" Leer más

Camila Cea, Consejera de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile:  "Una nueva Constitución debe garantizar derechos fundamentales para una vida digna para todas las chilenas y chilenos de este país" Leer más

 

 

Por Fabiola Gutiérrez, Observatorio de Género y Equidad

 

Manuel Antonio Garretón. Sociólogo, Académico de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.

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1.- La necesidad (o demanda) de una nueva Constitución Política para Chile es de larga data ¿Cómo se logra transformar hoy en un tema nuevo?

Este es un tema que ha sido planteado permanentemente por las fuerzas democráticas en Chile, en la medida que estamos en presencia de una Constitución ilegítima en su origen; ya en la época de la dictadura, el grupo llamado “Los 24” planteó una propuesta de Nueva Constitución. En distintos momentos este tema ha aflorado, pero urgencias del momento han llevado a que se piense que se pueden resolver problemas de fondo del país, sin una nueva Constitución.

Con esta renovación ciudadana o empoderamiento ciudadano, lo que aparece es la demanda, a veces no muy explícita, por tener un orden político que sea expresión de la voluntad general y no de la imposición y, posteriormente, de algunas correcciones que se hayan hecho. Muchas veces se ha abogado el tema de la Nueva Constitución con la idea de que con algunas reformas podemos resolver el problema. De hecho, se abogó este tema en la discusión del año ’89 que llevo a un plebiscito que hizo ciertas reformas constitucionales, pero sólo para asegurar que el régimen que viniera después del plebiscito y de las elecciones presidenciales no fuera un régimen autoritario, totalmente expresión de la dictadura. Como había que negociar, el tema no fue el de las nuevas reformas, si no algunas reformas.

La discusión fue arrastrándose y se expresaba de tiempo en tiempo. Tenía su cristalización en las reformas pendientes y, durante el 2005, el ex Presidente Ricardo Lagos realiza una reforma importante, pero se comete el gran error simbólico de convertir “una reforma” en la “Constitución del siglo XXI”, se le llama así, se le cambia la firma y eso clausura el debate constitucional, cuando había sectores que para la candidatura de Michelle Bachelet habían planteado que se retomara ese tema. Pero como viene una reforma importante, que consolida de algún modo el modelo autoritario, aunque lo corrige, se hace muy difícil a un Gobierno de la Concertación plantear inmediatamente en su campaña cambios constitucionales.

Ese tema volvió a tener importancia en el año de la elección presidencial del 2010, fundamentalmente porque en el programa de la Concertación del candidato Eduardo Frei, estaba la Nueva Constitución, aunque no se le dio toda la importancia que tenía. A mi juicio, la única manera de resolver los problemas de un país que pasó de dictadura a democracia, pero que quedó encorsetado en un modelo socio-económico y un modelo político que protege al socio-económico a través de la Constitución, era poner el debate como punto central y fundamental para cualquier negociación, plantear una Nueva Constitución. En cambio, lo que ha ido ocurriendo es que se va por partes, incluso el propio Presidente Piñera se ha mostrado dispuesto a revisar el sistema electoral binominal, que constituye una piedra angular dentro de la Constitución.

2.- Si en los años ’80 no se optó por una asamblea constituyente ¿Por qué ahora sería el momento?

Mi impresión es que producto del poder que ha tenido “de veto” la derecha chilena, de los quórum que le aumentan ese poder, y que la Concertación se preocupó más de asuntos de Gobierno y no puso el cambio constitucional como tema central, hizo que permanentemente se postergara una Nueva Constitución. Hoy día, frente al tema de la movilización estudiantil, desde la movilización social, lo que queda claro, como lo señalan tanto el ex Presidente Lagos, Ignacio Walker y otros actores, es que el sistema político no da para más. Con esto quieren decir que el orden social que se generó a partir de los ’90, basado en la Constitución del ’80, no da para más, eso obliga a replantear un nuevo orden social y la forma en que eso se hace es con una Nueva Constitución, lo que otorga legitimidad y urgencia al debate. Es de esperar que las negociaciones que se hagan en materia educacional o de otro tipo no ahoguen este tema que parece prioritario.

Una cosa importante a señalar al respecto, es que muchos sectores señalan que no es necesario una Reforma, Asamblea Constitucional o Nueva Constitución y dicen que esto le ha dado estabilidad al país, pero la dictadura también le dio bastante estabilidad, por lo tanto ese no es un buen argumento. El argumento que parece muy interesante es que todos los países que han definido un proyecto nacional post dictadura han tenido Asambleas Constituyentes, el único país que no la tuvo fue Argentina porque simplemente no hubo una nueva Constitución por parte de los militares, pero el caso más interesante es el de Brasil, donde todas las reformas económicas y de otro tipo que se han hecho y han puesto a ese país en el lugar que está hoy día, se deben fundamentalmente al proceso de Asamblea Constituyente y de mecanismos de democracia participativa.

3.- ¿Cómo sería una Constitución plenamente democrática?

Una Constitución plenamente democrática tiene dos componentes. Asegurar una democracia representativa, participativa, deliberativa, eficaz y relevante para la toma de decisiones, es decir, que haga de la democracia el sistema de Gobierno, que se oponga a los poderes fácticos, a los hechos consumados de modelo económico, que sea una expresión permanente de la defensa de los derechos y la promoción de éstos, un orden social con igualdad, al mismo tiempo que permita revisiones permanentes por parte de la ciudadanía. Hoy día, una Constitución plenamente democrática es aquella que, junto con cumplir los estándares mínimos de democracia -que hoy en día no se cumplen- tenga un sistema menos presidencialista e introduzca mecanismos de participación, regionalice definitivamente el país en todos los niveles, de modo que tengamos una suerte de parlamentos o asambleas regionales con autoridades elegidas y, al mismo tiempo, esté abierta a las reformas económico-sociales que el país necesita.

La actual Constitución impide, por ley, que el Estado asuma su rol dirigente en muchas áreas de la economía, lo que aparece enteramente necesario. En ese sentido, una Constitución democrática tiene que reflejar la expresión de la soberanía popular, de la representación y participación, para asegurar las formas de convivencia económica y social que el país quiere. También tiene que haber un segundo aspecto que dice relación con el modo en que se genera esta nueva Constitución, no sólo de contenido democrático sino con una expresión de apoyo que puede ser por la vía de Asamblea Constituyente o formulas que aseguren que hay un momento para un plebiscito o referéndum aprobatorio social. El tema de la refrendación popular me parece central.

4.- ¿Están dadas las condiciones para un gran cambio constitucional? ¿Quién debería tomar la iniciativa? ¿Qué alternativas institucionales son posibles?

Creo que el Presidente Piñera tiene una gran oportunidad, siendo un mandatario de derecha puede poner fin al orden económico-social y político generado por la dictadura. Eso porque existe una movilización enorme en ese sentido, que si él la canalizara pasaría a la historia por realizar un gran cambio constitucional.

La Concertación no logró completar su proyecto democratizador, entonces uno dice ¿por qué lo va hacer Piñera?, porque hay una oportunidad dado el nivel de movilización. Ahora, lo más probable es que no lo haga y decida entrar en negociaciones puntuales. Creo entonces, que se debe constituir un sujeto democratizador, un nuevo actor político, como lo fue la Concertación para sacar a Pinochet, que debiera estar constituido por el conjunto de las fuerzas políticas de la oposición y de las fuerzas sociales. No veo que sea imposible realizar una gran convención, un proceso por el cual se constituya un gran movimiento -como lo fue la Asamblea de la Civilidad en la época de la dictadura, el Movimiento por las Elecciones Libres, el Movimiento por el NO- que ponga como tema central y único una Nueva Constitución y que condicione cualquier tipo de negociación o apoyo a medidas de Gobierno a la discusión de una Nueva Constitución.

 

Fanny Pollarolo: Ex diputada del Partido Socialista.

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1.- La necesidad (o demanda) de una nueva Constitución Política para Chile se planteó fuertemente en los años ’80, bajo la dictadura militar. ¿Cuál ha sido el proceso histórico de la discusión por una Nueva Constitución? ¿Por qué no se pudo avanzar en un cambio constitucional?

La necesidad de una nueva Constitución, es decir, el rechazo a la Constitución del ’80 que declarábamos absolutamente ilegítima y antidemocrática en su origen, fue uno de los contenidos más importantes en la lucha contra la dictadura en quienes asumíamos el abrir paso a una verdadera democracia.

En mi opinión, el punto de partida de esta realidad que hemos vivido hasta ahora, con cambios tan limitados a la Constitución del ’80, tiene que ver con el camino pactado de salida de la dictadura. Salimos a través de una negociación con la derecha política-económica y con la activa participación del embajador norteamericano, pero indiscutiblemente, fueron los acuerdos que se alcanzaron para hacer efectiva la posibilidad de hacer el plebiscito que determinó que partiéramos en el gobierno del ex Presidente Aylwin, desde el primer momento, con enormes amarras y limitaciones.

Yo misma lo digo y mirando hacía atrás me pregunto ¿Hasta qué punto asumíamos una institucionalidad que tenía amarras tan fuertes? Si la idea era modificar, llamar a la Constituyente que era lo que estaba en la idea de los años en dictadura y se había seguido por el camino pactado, ¿cómo mejorábamos una Constitución con unos “quórum brutales” para los capítulos fundamentales que requerían cambios sustanciales?

Los temas que se logró abordar, principalmente en los gobiernos de Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, están determinados por una realidad compleja y que tienen que ver con algunas libertades políticas demasiado gruesas, como por ejemplo, el famoso artículo 8º, que fue modificado el año ’94, donde se trataba de tolerar que existiera el Partido Socialista y los partidos de izquierda en general. También el poder de las Fuerzas Armadas y otras modificaciones específicas, en relación a la igualdad de las mujeres y la incorporación de los pueblos originarios. De alguna manera, ir limando esto de la “democracia protegida”. El proceso histórico fue extraordinariamente débil, con el carácter que tuvo la transición y que fue tan institucional.

Recuerdo que en el programa de Gobierno de ex Presidente Eduardo Frei, no aparece el tema de las reformas constitucionales. Incluso me atrevo a hacer una autocrítica, porque me correspondió ser parte de ese documento cuando hubo toda una discusión, justamente por todo lo que estaba determinando esta Constitución, los sentidos, los principios antidemocráticos en su esencia, inequitativos, de concentración de la riqueza.

En el documento “Chile quiere cambios”, muy polémico dentro de la Concertación –entre los autoflagelantes y los autocomplacientes-, nosotros los autoflagelantes no fuimos al fondo, es decir, en qué medida esto tenía que apuntar a retomar lo que había sido una gran bandera y que era tener una nueva Constitución. No fuimos capaces de ver que estábamos frente a una Constitución pétrea, con quórum que la hacían inmodificable y la gravedad de su espíritu mercantil. En su artículo 19, se instala el modelo neoliberal que hoy en día en el mundo está haciendo agua, donde el rol del Estado es subsidiario.

2.  ¿Cómo explica que hoy aparezca la demanda de una nueva Constitución Política como un tema nuevo?

Para las últimas elecciones presidenciales, en el programa de Gobierno del candidato Eduardo Frei, curiosamente aparecen las reformas constitucionales, cosa que no estaba en su anterior administración. Aparecen elementos significativos en orden a dar participación, abrir paso al rol social. Si lo miramos hacia atrás, cuando la ex Presidenta Michelle Bachelet levanta el rol ciudadano, apunta a que la participación resulta indispensable.

Luego vienen los actores sociales, no es un movimiento que emerge de la nada, pero sí es sorpresivo. Creo que llega un momento en que hay contradicciones del sistema que afectan directamente a las personas, es real. En ese sentido, los estudiantes no sólo tienen argumentos valóricos de equidad e igualdad, el sistema neoliberal necesita a una ciudadanía más preparada, porque genera una enorme disparidad social.

Por otro lado, vemos que acá se movilizan valores en una sociedad que pareciera de negocios, mercantilizada, donde surge un emplazamiento hacia el tipo de desarrollo versus el crecimiento económico, que no es lo mismo y con ello tocan el corazón de la Constitución. Se levantan los valores de solidaridad en personas que entran a dar su apoyo “no porque lo estén necesitando”, “no porque tengan la mochila del endeudamiento”, sino porque esa relación humana existe en las personas y los jóvenes la están mostrado. Lo que estuvo adormecido hoy está despertando.

3.- ¿Qué significado da Ud. a los cambios constitucionales impulsados y consagrados en 2005 por el ex Presidente Ricardo Lagos?

Creo que fueron importantes, pero absolutamente insuficientes. Fueron reformas políticas que terminaron con los senadores designados –aunque ahora haya designados de forma extraña-, que tuvimos por más de 10 años, pero lo más importante fue superar el tema de la democracia protegida y re-colocar a las Fuerzas Armadas en el rol de supeditación del poder político que le correspondía, eliminar el famoso garante que era una expresión, en la Constitución, del Golpe Militar, que lo justificaba explícitamente.

4.- ¿Están dadas las condiciones para un gran cambio constitucional? ¿Quién debería tomar la iniciativa? ¿Qué alternativas institucionales son posibles?

Este es un momento muy extraordinario porque se están movilizando valores, está cambiando el discurso político. Y si los líderes de la oposición creen en el movimiento social y lo apoyan de verdad, haciendo una revisión hacia atrás, si dejamos de pensar en el consumidor y pensamos en el ciudadano y se abre paso a nuevos líderes, se pueden dar pasos sustantivos.

Los cambios podrán ser a través de una Asamblea Constituyente, aunque no la veo ahora, pero creo que ese es uno de los caminos. También es central ir en la línea de la participación, que esto no sea distribuir más dinero, por ejemplo, en el tema educacional. Si se instala la idea del plebiscito, yo personalmente, trabajaría mucho por eso. 

 

Francisco Soto, Abogado y académico de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile.

FranciscoSoto

1.- ¿Qué legitimidad tiene la actual Constitución Política de Chile?

La Constitución Política actual representa un cambio muy sustancial al modelo que operaba hasta el año ’73 en Chile, donde teníamos una Constitución liberal, que progresivamente fue estableciendo un Estado social de derecho. Con la Constitución del ’80 se establece un modelo de participación muy restrictivo, donde se intenta separar la política del movimiento social, se identifica eso como generador de la crisis institucional y se estable una Constitución conservadora, anacrónica para el mundo entero. Mientras más se avanza en modelos liberales, en el mundo occidental, nuestro país tiene una Constitución que ha retrocedido sustancialmente e incluso no es comparable con una Constitución del siglo XVIII; hemos caído en un aislamiento constitucional, en una falta de reflexión comparada con el desarrollo de nuestra doctrina, que era bastante progresista hasta el ’73.

Esta es la Constitución que más cambios ha tenido. Es una Constitución “gatopardo”, mientras más cambia, más se fortalece su modelo autoritario y poco participativo. Las reformas del 2005 como las del año ’89, pretenden introducir modificaciones puntuales, poniendo en cuestión parte del modelo autoritario como el Consejo de Defensa del Estado, el fin de los senadores designados, pero se mantiene el modelo electoral, se establecen las mismas restricciones a la participación y representación, se mantiene un modelo que trata de separar a la ciudadanía de la política.

2.- ¿Cuáles son las grandes falencias de nuestro orden constitucional?

Para mí es evidente el tema de participación y la posibilidad de reforma. Esta Constitución pretendía inhibir a la ciudadanía de la participación política a través del movimiento social, incluso hoy se prohíbe en el artículo 23. La idea era despolitizar a la sociedad y yo creo que lo que ha pasado aquí, es que frente a los movimientos actuales, no ves más jóvenes politizados, lo que pasa es que ya no quieren participar del diseño institucional, eso constituye una grave crisis. Lo que se debería hacer, primero, es re-encantar a esos jóvenes y generar mecanismos de participación que garanticen que sus demandas pueden ser recepcionadas por el sistema institucional. Básicamente, se deben establecer dos caminos, uno es el fortalecimiento del sistema representativo, cambio al régimen político que tanto se habla, y el otro, establecer mecanismos de democracia directa que según la experiencia comparada internacional, deberían ir en coherencia con el sistema representativo. Eso no tiene nada que ver con la necesidad más evidente de una Nueva Constitución, son dos procesos que pueden ir en paralelo y creo que hay todo un tema vinculado a los derechos que reconoce la Constitución, a la forma de tratar los derechos, a la idea de Estado que regula la Constitución, que todos los chilenos hace mucho rato quisieran ver plasmada en su carta fundamental. Una Carta que nos represente a todas/os de buena manera y mediante un proceso participativo, que permitiera la representación de todos los sectores.

3.- ¿Cómo sería una Constitución plenamente democrática?

Yo creo que a estas alturas no se puede pensar en una Nueva Constitución discutida en una oficina entre expertos, eso sería más indignante que la actual Constitución. Lo que creo que debe existir hoy en día, es una Asamblea Constituyente nombrada y que se tome su tiempo para que logre consensuar un modelo que nos represente a todos.

4.- ¿Cree que están dadas las condiciones para un gran cambio constitucional? ¿Quién debería tomar la iniciativa? ¿Qué alternativas institucionales son posibles?

Lo que yo veo es que existe un momento constitucional, sin duda la gente lo percibe y ve que el actual modelo no da para más. El problema es que detrás del descontento de la gente, no necesariamente se condicen las propuestas. En general, existía un sector sobre todo de la izquierda que hace tiempo venía reclamando la Asamblea Constituyente y hoy día yo veo que ese discurso se entremezcla con quienes dicen “Plebiscito ahora”. Son dos procesos distintos, la Asamblea Constituyente supone el nombramiento de representantes, que particularmente no se dedican a satisfacer los intereses puntuales de la ciudadanía, está claro que se van a ir a discutir una Nueva Constitución. Se aíslan un par de años debatiendo y discutiendo propuestas. Yo creo que eso es lo que requiere el país, es decir, está la necesidad de cambio, pero no necesariamente se sabe lo que se quiere cambiar.

Yo lo separaría del tema de las Consultas, porque creo que el modelo que se requiere en Chile, no necesariamente se vincula a lo constitucional, si no más bien a lo legal. El modelo institucional chileno está abierto a un espacio en la participación nueva, que no tiene que ver con las facultades del Presidente, ni con las atribuciones del Parlamento y ese es el terreno abrogatorio, de poder poner fin a una norma mediante un proceso participativo de iniciativa popular que es el modelo que opera en Italia y Suiza. Significa que el Parlamento está para crear la ley, el Presidente tiene iniciativa exclusiva en varias materias y en toda esa dinámica no interfiere la participación, si no que los ciudadanos sí deberían tener la posibilidad de modificar, por ejemplo, normas sobre el lucro en educación, temas ambientales para que, con un mandato claro y definido, con preguntas precisas y un sistema de admisibilidad -que el derecho comparado lo oferta y existe-, pueda abrogarse parte de las normas y sea nuevamente el Congreso y el Presidente de la República quien deba someterse a la voluntad popular e ir por el camino que el pueblo se manifieste en el referéndum abrogatorio.

Lo más usual es que sea la ciudadanía la que tome la iniciativa. Esta abrogación puede ser por iniciativa popular, la experiencia comparada dice que eso no es tan ingenuo, no es que la ciudadanía se organice por sí sola, se basa mucho en el poder de las organizaciones sociales y de los partidos políticos. De hecho en Uruguay, todas las reformas importantes que se han hecho vía referéndum, han sido vía iniciativa popular, pero muy vinculadas con los movimientos, con los sindicatos, con las organizaciones, con los partidos. En Suiza, casi el cien por cien de las iniciativas populares tiene vínculos con los partidos, eso se ha estudiado y lo mismo pasa en Italia. No hay que pretender pensar que esas dos cosas no se topan, aquí falta desarrollar toda una vertiente en los partidos políticos que tengan que ver con la democracia directa y que en muchas otras partes se estimula, se desarrolla y en Chile no se conoce. Tenemos Presidentes de Partido que esperan resolver todo en sus oficinas, mirando hacia abajo a la ciudadanía y claramente hoy en día los Partidos Políticos no se pueden permitir esas conductas.

5.- ¿Tendría mayor legitimidad una Constitución debatida por todos/as? ¿Por qué?

Los autores han evolucionado. Desde la post revolución francesa hasta prácticamente los últimos 50 años, se pensaba en Estados Unidos, una Constitución como una norma que surgía al fundarse el país y después no se tocaba más, porque básicamente los cambios eran a nivel legal. La Constitución, mientras más distante, más sobreviviente de generación en generación, era la mejor. Hoy día, ni siquiera la doctrina de Estados Unidos acepta eso y muchos autores piensan que el pueblo debería manifestarse, establecer mecanismos institucionales para que el pueblo pueda modificar la Constitución de manera regular, que esté siempre presente. Autores alemanes y norteamericanos han trabajado mucho en esa línea. En ese marco, las constituciones latinoamericanas, varias, contemplan la regulación de la Asamblea Constituyente en la propia Constitución, cosa que el pueblo siempre sea como una “sombra” que está en torno a los representantes y que sepa que por cualquier divergencia, acuerdo o situación gruesa que no los identifique, se puedan activar estos mecanismos de orden institucional. Eso se ve como deseable por numerosos autores y yo creo que nosotros deberíamos avanzar –no sé si en una línea tan radical como esa-, pero sí en ir pensando que deberían existir canales institucionales para realizar cambios profundos.

Las resistencias que se instalan para lograr estos cambios tienen un hecho claro, el año 1973, es decir, el modelo institucional chileno fue un modelo que quiso establecer el socialismo por la vía institucional y eso generó un trauma enorme en la derecha, entonces pretendieron crear un modelo institucional conservador donde se resguardara todo y fuese imposible modificarlo. Con eso terminaron por destruir lo poco y nada que quedaba de participación política. Aquí nos vemos frente a lo que en Europa se llama “contra-democracia”, que son movimientos que surgen en un momento determinado, que surgen en la calle, pero que son muy difícil de institucionalizar. Estos movimientos estudiantiles actuales, no sé si lograran institucionalizarse como muchos creen y que va a surgir una nuevo espacio político, capaz de canalizar con tanta fuerza lo que se ha expresando hoy en día. Creo que claramente nuestra democracia se va lesionando seriamente toda vez que no se toman medidas contundentes para resolver esto. Yo creo que la clase política tiene mucho temor a lo que está pasando y desde el mundo empresarial también, porque se van dando cuenta que esto se va desbordando.

Hay países muy lúcidos, como el caso español, que tenía sociedades mucho más divididas que la chilena y que lograron zanjar una Nueva Constitución, tomando en cuenta un modelo mucho más amarrado que el chileno, que era el de Franco. Eso en algún momento tiene que detonar en el sentido común de la clase política, y en la medida que se vaya tomando más tiempo, el proceso será más radical. Hace un par de años era impensable que cinco o seis estudiosos se sentaran y sacaran una nueva Constitución, creo que hoy en día ese modelo no es presentable y lo que sonaba lejano, como la Asamblea Constituyente, en la medida que se estudian las experiencias comparadas, va tomando más sentido.

 

Miriam Henríquez. Abogada, Directora del Departamento de Derecho Público, Universidad de Las Américas.

MiriamHenriquez

 

1.- ¿Qué legitimidad tiene la actual Constitución Política de Chile?

El Poder Constituyente, que es quien puede darse una Constitución, radica en el pueblo. La actual Constitución no fue otorgada por el pueblo, sino por la Junta Militar de Gobierno, la que ejerció el Poder Constituyente originario en 1980. Desde esta perspectiva la Constitución de 1980 carece de legitimidad de origen.

Sin embargo, puede decirse que las sucesivas reformas constitucionales (siendo las más importantes la de 1989 y la de 2005) de alguna manera han legitimado a la Constitución en su ejercicio, al haber sido aprobadas por los órganos representativos del pueblo, tales como el Presidente de la República y el Congreso Nacional.

2.- ¿Cuáles son las grandes falencias de nuestro orden constitucional? ¿Cómo sería una Constitución plenamente democrática?

La Constitución actual ha experimentado un importante avance respecto de la versión original de 1980, fundamentalmente en su parte orgánica, toda vez que se han eliminado ciertos enclaves autoritarios como los senadores designados, se ha limitado la función de ciertos órganos como el Consejo de Seguridad Nacional y se ha consagrado el pluralismo político, dejando atrás la idea de pluralismo político limitado y la democracia protegida.

Sin embargo, la Constitución sigue teniendo temas pendientes que, de reformarse, la harían más democrática. Algunos de estos temas son: el reconocimiento de los pueblos indígenas, la consagración de la jerarquía constitucional de los tratados internacionales de derechos humanos, la ampliación del catálogo de derechos fundamentales por la vía del reconocimiento de nuevos derechos económicos, sociales y culturales, la instauración de un régimen presidencial democrático con una morigeración de exacerbado presidencialismo, el cambio del sistema binominal por uno más representativo, la regionalización (entendida como la entrega de un mayor grado de descentralización administrativa y política en la distribución territorial del poder del Estado), la recepción de mecanismos de participación semidirecta (como los plebiscitos), la introducción de un Defensor del Pueblo, entre otras materias.

3.- ¿Cree que están dadas las condiciones para un gran cambio constitucional? ¿Quién debería tomar la iniciativa? ¿Qué alternativas institucionales son posibles?

En las elecciones presidenciales de 2009, tres de los cuatro candidatos plantearon la necesidad de dictar una nueva Constitución. Sin embargo, se observó que la ciudadanía no percibe el cambio constitucional como una prioridad. Actualmente los movimientos sociales, como el de los estudiantes, han colocado nuevamente el acento en la necesidad de una nueva Constitución, incluso por la vía de una Asamblea Constituyente.

Habrá que estar atentos si, en este nuevo contexto, la idea de un gran cambio constitucional tendrá mayor adhesión. En su caso, estimo que la iniciativa de reforma debiera provenir de las mismas autoridades establecidas, muy probablemente de una moción parlamentaria. Lamentablemente, en nuestro sistema no está prevista la iniciativa popular. Es menester aclarar que la posibilidad de llamar a una Asamblea Constituyente sólo sería viable para el dictado de una nueva Constitución y no para una reforma constitucional, cuyo procedimiento ya está previsto constitucionalmente.

4.- ¿Tendría mayor legitimidad una Constitución debatida por todos/as? ¿Por qué?

Quienes elaboran una Carta Fundamental, no sólo disponen cuál será el mecanismo para las futuras deliberaciones públicas, también definen qué alternativas no podrán ser escogidas. Ello supone una manifiesta tensión entre el concepto de democracia –como forma de adopción de decisiones públicas conforme a la regla de la mayoría– y las Constituciones, pues estas últimas someten la libertad (y la voluntad general) a ciertas reglas dadas en el pasado. Por eso, el “pecado de origen” de la Constitución chilena vigente puede ser adornado o solapado mediante reformas, pero sólo puede ser eliminado completamente a través de la dictación de una nueva Carta Fundamental, originada en un proceso completamente democrático.

 

Gustavo Ruz, Abogado y Miembro del Comité de Iniciativa por una Asamblea Constituyente.

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1.- ¿Cuáles deben ser las bases para la construcción de una Nueva Constitución?

Esencial es que todo el pueblo participe, que todos sean consultados y que no se haga ninguna trampa, de manera que este proceso, que tiene una onda raíz popular y ciudadana, se prepare con información y las alternativas que se debaten.

El tema de la Constitución emanada desde una Asamblea Constituyente tiene que ver con las facultades que tiene cualquier grupo en cualquier parte del mundo, reconocidas desde la Revolución Francesa, que establece que el pueblo es el soberano y toma las decisiones gruesas, fundamentales y eso se llama “el derecho a la autodeterminación”. Chile no ha cumplido con el derecho de autodeterminación del pueblo chileno desde que somos un país independiente. Lo más cercano que hemos tenido a esa autodeterminación, a soberanía, a tomar decisiones de acuerdo a nuestros intereses, se dio el 11 de julio de 1971, cuando todos los partidos políticos, a proposición del ex Presidente Salvador Allende, nacionalizaron el cobre que fue un buen negocio para Chile y que pese a las resistencias de la derecha en un principio, luego de un entendimiento entre Tomic y Allende, la derecha se vio en absoluta minoría y finalmente, para no ser arrasadas en las elecciones, aceptó y dio la unanimidad. De manera que ese hecho histórico, que ha repercutido positivamente en lo que vino después en cuanto a ingresos para el erario nacional, fue una demostración de que Chile puede unir sus fuerzas para encaminarse a una Constitución libre, soberana, informada, mediante un voto secreto, universal y sin exclusiones. Eso no ocurre actualmente, porque todas las leyes que nos rigen –en todo nuestro ciclo de vida- están determinadas por una Constitución autocrática, emanada por cuatro generales con prontuario criminal que decidieron cómo serían la economía, la educación y la sociedad chilena en los próximos 100 años. Una Constitución que no se puede cambiar por su propio articulado, sino que hay que cambiarla desde fuera, tal como se modificó la Constitución de 1833 en el año 1925. Tal como se ha hecho en los demás países -y Chile tiene que vergonzosa reputación de no haber realizado una Asamblea Constituyente- un país que post dictadura conserva su modelo y legalidad constitucional.

2.- ¿Por qué una nueva Constitución ganaría en legitimidad y adhesión social?

El tema es muy de fondo, porque si tomamos temas como HidroAysén, educación, derechos humanos, en todos está involucrada la Constitución Política del Estado. Por eso es una tarea tan importante que nos involucra a todos, es una tarea urgente. Chile se está hundiendo en el pantano porque no tiene canales institucionales para dirimir sus conflictos, porque mientras estaba la bayoneta era fácil dirimir los conflictos donde unos hablan y deciden, los demás se callan o mueren.

A partir del 11 de marzo de 1990 a la gente se le dijo que tendría libertad de opinar y decidir, hasta ahora eso no ha ocurrido. El ciudadano está amarrado de pies y manos, no tiene un Parlamento representativo, porque es un sistema engañoso y fraudulento para elegir a los parlamentarios; no tiene influencia en la economía porque el Banco Central hace las cosas por su cuenta y las empresas transnacionales controlan el 70% de todo lo que se produce en Chile. Por lo tanto, hemos perdido soberanía, libertad y autodeterminación, hemos sido engañados por una mañosa campaña de prensa controlada por El Mercurio y La Tercera, y los canales de televisión.

3.- ¿Cuál es la propuesta de Uds.?

Una Asamblea Constituyente, porque implica un hecho básico, el que cada ciudadano tenga derecho a opinar. La constituyente parte de cero, toma todas las decisiones esenciales para que la comunidad viva en paz y en orden. La constituyente es de una gran importancia de orden estratégico, porque une al país, otorga solidez institucional y estabilidad, no como andan diciendo los interesados en mantener la Constitución de Pinochet, que la Constituyente va a resultar en un caos y el desorden, es todo lo contrario. Es fruto de un esfuerzo y un cambio en la correlación de fuerzas.

En aquellos países donde hubo Asamblea Constituyente, el pueblo pudo opinar y, por lo tanto, se acataron las leyes porque estas se enmarcan en la Nueva Constitución que la ciudadanía redactó.

4.- ¿Cómo es posible llegar a la Asamblea Constituyente?

No hay un camino único, depende de las condiciones de cada país. Lo comúnmente aceptado es que al pueblo se le pregunte “si quiere seguir, o no, con la actual Constitución”, de manera que el pueblo pueda hace sentir su peso. Tiene que ser una mayoría clara, no puede ser 51% contra 49%, pero nosotros estamos seguros que más del 70% u 80% de los chilenos desean tener una Constitución civilizada, democrática, como la tiene el resto de América del Sur. Aunque no sean tan buenas las nuevas constituciones, pero por el hecho de ser redactadas en una Asamblea Constituyente donde están todos representados, esa Constitución tiene legitimidad.

Si se cita a plebiscito y se le pregunta a la ciudadanía si quiere una Constituyente o quiere seguir como estamos, habrá una mayoría que respaldará la Asamblea Constituyente. Luego que se aprueba esa decisión, se llama a elecciones y se eligen delegados a partir de cero. Generalmente, los que son diputados y senadores actualmente, no pueden ser candidatos aunque es un asunto que se puede dirimir, pero el pueblo elige delegados de manera representativa, donde hay participación de hombres y mujeres, intelectuales y científicos, obreros, mapuches y de otras etnias, adultos mayores y jóvenes, que esté presente la diversidad del conjunto de las culturas y no sea una reunión circunscrita a las élites ricas, santiaguinas, masculinas e intelectuales, que no sea una casta la que se reúne, si no que es todo el pueblo.

Una vez que la Asamblea Constituyente queda instalada, como poder superior -por sobre el Presidente, la Cámara de Diputado y el Senado-, reglamenta sus funciones. Para una población de 17 millones de habitantes debería haber unos 700 delegados con dedicación exclusiva y trabajar durante 6 o 7 meses en redactar la Nueva Constitución, espacio donde se discutirían temas que aparecen negados por el actual orden constitucional.

En la Constitución vigente no se habla de la mujer, de los adultos mayores, mapuches, de la protección a los recursos naturales, es decir, en una Nueva Constitución se tocan todos los problemas fundamentales como el rol del Estado en la economía, en las Fuerzas Armadas, cómo se evita la discriminación racial, la vigencia de los derechos humanos, de los presos en las cárceles, inclusive el nombre del país. En concreto, está en juego un pacto social nuevo, que parte de la base en que Chile es diverso.

En concreto, la Asamblea Constituyente toma las decisiones, redacta la Nueva Constitución y de inmediato se convoca a un plebiscito para que el pueblo sancione, apruebe o rechace lo que se acordó a través de este mecanismo. Como la Constituyente es representativa en el 100% de los casos, luego que se aprueba lo propuesto por los delegados en el plebiscito, entra en función una Nueva Constitución a partir de un rango de tiempo de 3 a 4 meses y posteriormente se elige al Presidente o un Primer Ministro, de acuerdo a lo que se haya propuesto y votado. Todas las autoridades se eligen nuevamente y para eso debe existir una ciudadanía vigilante.

5- ¿De qué forma se asegura la participación ciudadana en el debate de una nueva Constitución?

No es posible la Constituyente si no hay un pueblo organizado. O sea, con un pueblo rebaño, que está mirando la televisión o está pendiente de la farándula, es mejor no hacer el esfuerzo por una Asamblea Constituyente, porque se puede dar el caso que esta iniciativa sea ganada por  quienes manipulan a la opinión pública. Por eso es importante que haya un pueblo organizado, es decir, es el sujeto pueblo el que se pone en escena.

Hay una necesidad de que se lleve a cabo una Constituyente en la que no haya trampa, en la que la ciudadanía esté bien informada para todo el proceso, en su convocatoria, funcionamiento y en el respeto de lo que el pueblo ha decidido, porque cuando los poderes fácticos tienen necesidad, simplemente violan la Constitución.

Estamos en un momento de avance enorme y hay que valorarlo, pero cuidado con sacar conclusiones tan antojadizas, tan optimistas, cuando las autoridades aún tienen muchas armas por utilizar. Lo que sí es claro, es que frente al malestar social una de las soluciones a los actuales problemas es a través de una Asamblea Constituyente.

 

Camila Cea, Consejera de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

Camila_Cea

1.-¿Cuáles deben ser las bases para la construcción de una Nueva Constitución?

Chile necesita una nueva Constitución que nos refleje a todos/as, puesto que en ella es donde se establecen los pilares que determinan a nuestro país  en lo económico, social, y cultural.

Una nueva Constitución debe garantizar derechos fundamentales para una vida digna para todas las chilenas y chilenos de este país; derechos básicos como el de la educación, la salud, o el derecho de no ser discriminado.

Otra base fundamental para una nueva Constitución es la democracia. Hoy nuestra Constitución no permite que cambios que son apoyados por las mayorías se desarrollen, sin que los representantes y el Poder Ejecutivo estén de acuerdo. Ejemplo de esto son las demandas del movimiento estudiantil, con amplio apoyo ciudadano, hoy no han podido cursar y han sido sistemáticamente detenidas por el gobierno que por lo demás tiene una tasa de aprobación cada vez más baja. Por lo tanto, es fundamental permitir en nuestro país que la ciudadanía tenga formas de involucrarse en los cambios que son necesarios en un momento del tiempo y que tienen amplio apoyo ciudadano.

2.-¿Qué rol deben jugar las mujeres en el proceso de un cambio constitucional?

Una tarea importante en el proceso de construcción de una nueva Constitución es que esta  nos refleje a todos. La Constitución que hoy rige está al servicio de unos pocos, y buena parte de los chilenos están excluidos de ella, ahí estamos también las mujeres. Por lo tanto, debemos jugar un rol participativo y activo en la construcción de una nueva Constitución.

3..-Pensando en los derechos de las mujeres ¿Cuáles deberían ser los derechos que debería considerar una "nueva constitución?

Me parece que algunos de los aspectos que son importantes para las mujeres son; el derecho a una vida libre de violencia e integridad personal; a tomar decisiones libres y responsables sobre su vida sexual y reproductiva. Así también que se garantice participación equitativa de mujeres y hombres en los procesos de elección de representación política. Por otro lado, el derecho a la educación no discriminatoria que promueva equidad de género.

4.- ¿De qué manera se asegura la participación ciudadana en el debate de una nueva Constitución?

Como país debemos aspirar a una ley fundamental que sea resultado de un ejercicio democrático. Una nueva Constitución Política debe nacer de  una Asamblea Constituyente y aprobada en plebiscito.

 

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Comentarios  

 
# RE: ¿Necesita Chile una Nueva Constitución? 12-09-2011 10:35
Chile requiere urgentemente una nueva Constitución, una carta fundamental donde estén contenidos las diversas miradas que existen en nuestro país
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# profesora 06-10-2011 19:53
sí Chile necesita una nueva Constitución, lo pensaba antes en dictadura y lo pienso ahora. Ello posibilitaria desentrabar los amarres que aún quedan de la dictadura y un cuestionamiento de fondo al modelo ultra liberal que impera en economía en nuestro país.
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